Traducción: "Lo que poseemos se convierte en nuestra prisión".
Me atrevo a decir que esto es una verdad trascedental. Si me detengo a pensar un poco en cuáles son las metas promedio de las personas, incluyendo las mías, todo se trata de obtener algún objeto de posesión.
Por ejemplo, mi meta más inmediata, para la cual trabajo estos últimos meses y en la que pienso al menos una vez al día, es reunir el dinero para comprar una cámara profesional de nivel medio (semi-profesional entre las profesionales, si se quiere). A largo plazo, claro, está obtener mi licenciatura, viajar a Ukrania para ver a mis abuelos otra vez, seguir estudiando, aumentar ingresos, comprar casa, etc. etc. etc. Lo puedo resumir en: ver a mis seres queridos y vivir cómodamente.
En cierta forma, ¿no son todo esto posesiones? Futuras o presentes, son cosas que poseemos. El solo hecho de poseerlas nos hace estar seguros de ser "dueños" y, por ende, los que gobernamos nuestro alrededor circundante en cuanto al poder de control o "posesión" sobre otras cosas y/o otras personas tengamos.
Siendo así, ¿cómo puede lo que poseemos convertirse en nuestra prisión?
Yo creo que puede y se me hace tan evidente que es como si el Obvio se materializara y me golpeara en la cara.
La frase de este título fue tomada de una canción. Las palabras que siguen son: "My possessions will be gone back to where they came from", o, "Mis posesiones se irán de vuelta al lugar de donde vinieron".
El destino de toda la materia de este mundo es desaparecer o "volver al lugar de donde vino".
Cuando yo era pequeña una vez leí en un libro de astronomía que dentro de muchos miles de millones de años el sol crecería cuatro veces su tamaño actual y, entonces, el planeta Tierra que conocemos se verá como se ve Venus hoy día. Agregaron una ilustración. Creo que lloré cuando lo vi. Yo tenía alrededor de 7 u 8 años y en ese momento me golpeó la realidad de que todo lo que vemos y tocamos algún día será distinto. Radicalmente distinto, en el caso específico citado...
Pero no nos damos cuenta que cada día es distinto al anterior. Todos los días las cosas a nuestro alrededor cambian tan lentamente que no nos percatamos, pero cambian. Sólo lo vemos al comparar las épocas de nuestras vidas. Al crecer, por ejemplo, añoramos cómo eran determinadas cosas durante nuestra infancia y lamentamos que hayan cambiado, o nos asombramos, dependiendo del caso. Y luego ese pensamiento muere allí.
Nada en realidad es igual por más de un segundo, y aún así nos aferramos a nuestras posesiones presentes y/o futuras, creyendo que son lo que más importa en nuestra vida, creyendo que determinan quiénes somos.
No voy a referirme a que por eso los ricos son malos y los pobres son buenos. No se trata de ser malos ni buenos, no se trata de cuántas posesiones tengamos. Sean como sean, en su forma, en su cantidad, en su calidad, nuestras posesiones son todo aquello que consideramos NUESTRO. Todo lo que categorizo como MÍO es una posesión, aunque su destino es cambiar y desaparecer, dejar de ser "mío", probando que en realidad nada es nuestro ni podrá ser nuestro por más que nos empecinemos.
¿Qué nos queda? Nosotros mismos. Nuestro ser.
Entonces, ¿por qué tantas personas embarran su ser a cambio de un par de reales o un par de millones? Es gracioso porque es incoherente, es ilógico. Es ilusoriamente lógico si uno lo observa sin analizar, y por esa ilusión nos hemos dejado llevar todos absolutamente.
Creo que cuando nos dejamos enredar por esa ilusión es que nuestras posesiones se convierten en nuestra propia prisión. Luego de una vida dedicada sólo a las posesiones, nos damos cuenta que vivimos solo para las posesiones, en lugar de las posesiones existir para nosotros. Así, cuando nuestras posesiones desaparezcan finalmente, uno que se creía el dueño no será más que un cascarón vacío.
Querer cosas y trabajar para obtenerlas no es malo y no nos lleva a ser personas vacías si simplemente nos mantenemos concientes de que son algo pasajero y por ello no vale la pena perdernos a nosotros mismos en el camino. Tener cosas no es perjudicial si recordamos que pueden ser arrancadas de nuestro lado en cualquier instante, pero no para andar traumatizado, sino para aceptar que lo que tenemos no es lo que nos define como ser. El ser de cada uno es mucho más importante e interesante que todo lo que lo pueda rodear, a eso deberíamos prestar más atención a diario. Estoy segura de que si cada uno de nosotros nos concentráramos en mejorar un poco cada día, el resto iría sucediendo poco a poco en forma automática.
Así seríamos en verdad libres. Sin absurdas ataduras.
1 comentario:
las posesiones materiales nos dan seguridad, nos hacen sonreir un rato,, pero lo verdadero esta en las personnas que queremos y en las experiencias de vida aprendidas, quien vive de lo material se vuelve vacio y asi andamos en nuestro alrededor...
Publicar un comentario