enero 23, 2011
Paz, Silencio y Penumbra
Nosotras las personas necesitamos paz. La paz más duradera es aquella que conseguimos instalar en nuestro interior. Esa es la que se vuelve inamovible sin importar lo que nos rodee externamente (una casa llena de gente, la calle repleta de autos o una fila eterna...).
Sin embargo, mientras nos encontramos en la búsqueda de esa paz interna, al menos de vez en cuando necesitamos la paz externa. La necesitamos como algo vital. Generalmente se encuentra en un paraje abierto o dentro de cuatro paredes (nuestra casa o habitación), coincidiendo ambas en su soledad. En esa tranquilidad nuestra mente quizás abandona las barreras físicas del cráneo y se permite llenar toda la estancia en que nos encontramos.
Es lo que me sucede cuando, por fin, este lugar queda vacío. Me lleno de triunfo al acercarse la noche, al instante que del sol apenas quedan nubes coloradas fuera de las ventanas. Cuando dentro de las paredes la penumbra va recorriendo cada metro, y mi mente con ella, absorbiendo la soledad y el silencio del lugar.
Así es mi paz externa entre paredes: penumbra y silencio.
Mi paz externa fuera de las paredes es la Tierra entera, sin ningún otro humano a la vista. La soledad y la totalidad completa.
Au revoir.
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