Es lo único que deseo en este instante.
Dicen que Dios nos prueba en maneras diferentes, nos prueba justo en lo que nos mueve, lo que nos duele.
No soy la excepción.
También he vuelto a sentirme como esa niña, aterrorizada de la incertidumbre de la vida en este mundo. Y es que solo eso es cierto aquí... lo incierto.
Mis ojos y mi corazón están cansados. Ahora más que antes siento soledad inevitable.
Venimos solos y morimos solos. Si nosotros mismos somos tan frágiles, tan perecederos, ¿qué tanto más frágiles y expirables son nuestras creaciones aquí?
Aun así, aquello que palpita dentro ruega por eternidad, ya sea vida eterna, ya se amor eterno.
Eso que palpita en mí es como un péndulo que se mueve de un lado a otro, de un ser a otro, del pasado al futuro, sin parar, sin respirar, me ahogo en la tormenta... sobrevivo. Pero en realidad no hay ayer, no hay mañana. Es un único y constante presente.
El presente es la incertidumbre misma. Yo pude engañarme por muchos años al creer que yo era la excepción. Que la incertidumbre no volvería a entrar para robarme la serenidad.
Mi prueba y mi lección, por supuesto, fueron exactamente recortadas para mí. Los sucesos y mi ser me mostraron que la incertidumbre vive en mí misma. Que incluso yo puedo ser su fuente. Que de mis propios labios ya no pueden caer las palabras "nunca" ni "para siempre".
Lo nuevo para mí, en este fragmento del presente, es que a pesar de la soledad y la evidencia de lo incierto en mí misma, que me creía libre de eso... es que no me parece una tragedia. Siento enorme falta de paz, pero no tragedia. No estoy llorando. Es como si ya pudiera asimilar lo inesquivable de esta situación, de la realidad del universo del que yo como Katherine desapareceré sin rastro, sin un eco que deje el recuerdo sobre mi voz.
Y ni siquiera eso es una tragedia. Quizás ya no existe algo como tragedia para mí. Me encojo los hombros y ya.
Ahora solo pienso, escribo, contemplo callada las horas de mi hoy. Fluyen. Por primera vez siento que tampoco es una tragedia morir con estas sensaciones adentro.
La verdad es que no me pertenezco ni a mí misma. Mucho menos a otra persona.
Y la vida continúa, mi parpadear continúa. Solo sé que el viaje continúa y no puedo ya predecir a dónde me llevará.
Quizás mi espíritu cayó en el mundo incorrecto, diría yo. Pero en realidad no hay errores en el fluir del universo.
Serenidad y Balance...
Dicen que Dios nos prueba en maneras diferentes, nos prueba justo en lo que nos mueve, lo que nos duele.
No soy la excepción.
También he vuelto a sentirme como esa niña, aterrorizada de la incertidumbre de la vida en este mundo. Y es que solo eso es cierto aquí... lo incierto.
Mis ojos y mi corazón están cansados. Ahora más que antes siento soledad inevitable.
Venimos solos y morimos solos. Si nosotros mismos somos tan frágiles, tan perecederos, ¿qué tanto más frágiles y expirables son nuestras creaciones aquí?
Aun así, aquello que palpita dentro ruega por eternidad, ya sea vida eterna, ya se amor eterno.
Eso que palpita en mí es como un péndulo que se mueve de un lado a otro, de un ser a otro, del pasado al futuro, sin parar, sin respirar, me ahogo en la tormenta... sobrevivo. Pero en realidad no hay ayer, no hay mañana. Es un único y constante presente.
El presente es la incertidumbre misma. Yo pude engañarme por muchos años al creer que yo era la excepción. Que la incertidumbre no volvería a entrar para robarme la serenidad.
Mi prueba y mi lección, por supuesto, fueron exactamente recortadas para mí. Los sucesos y mi ser me mostraron que la incertidumbre vive en mí misma. Que incluso yo puedo ser su fuente. Que de mis propios labios ya no pueden caer las palabras "nunca" ni "para siempre".
Lo nuevo para mí, en este fragmento del presente, es que a pesar de la soledad y la evidencia de lo incierto en mí misma, que me creía libre de eso... es que no me parece una tragedia. Siento enorme falta de paz, pero no tragedia. No estoy llorando. Es como si ya pudiera asimilar lo inesquivable de esta situación, de la realidad del universo del que yo como Katherine desapareceré sin rastro, sin un eco que deje el recuerdo sobre mi voz.
Y ni siquiera eso es una tragedia. Quizás ya no existe algo como tragedia para mí. Me encojo los hombros y ya.
Ahora solo pienso, escribo, contemplo callada las horas de mi hoy. Fluyen. Por primera vez siento que tampoco es una tragedia morir con estas sensaciones adentro.
La verdad es que no me pertenezco ni a mí misma. Mucho menos a otra persona.
Y la vida continúa, mi parpadear continúa. Solo sé que el viaje continúa y no puedo ya predecir a dónde me llevará.
Quizás mi espíritu cayó en el mundo incorrecto, diría yo. Pero en realidad no hay errores en el fluir del universo.
Serenidad y Balance...
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