diciembre 31, 2011

Seremos Luces

En la vida de todos llegan instantes o momentos que solo pueden explicarse con la palabra "milestone". Para mí esto quiere decir que en el desarrollo de las circunstancias que nos rodean y que provocamos, llega un momento determinante, que definirá cómo seguirán las cosas de ahí en adelante. La vida y uno mismo obliga a tomar una decisión, interiorizarla, aceptarla, adoptarla y luego vivir acorde a sus consecuencias.

"Consecuencias" a veces me suena como a castigo, pero no. Las consecuencias son simplemente el flujo natural de la vida posterior o a continuación de ese milestone.

Ya hace tiempo no me sorprenden las casualidades en mi vida. Han sido y siguen siendo tantas, tan numerosas, que sencillamente tendría que ser muy ciega para interpretarlas como llanas coincidencias, en vez de la hermosa y entramada red de causalidad que son. Me llevan y me guían, brindándome cada sensación, cada experiencia y cada enseñanza, sin haber planeado nada de antemano. Es difícil nunca arrepentirse de nada, pero quizás la única forma de nunca arrepentirse de nada es aceptarlo todo, todo lo bueno y todo lo aparentemente malo, entender que cada una de esas cosas se han vuelto parte de nuestro ser y con ello nos han traído a donde nos encontramos y que forman parte de la persona que somos en el presente.
Esto se reduce a una frase muy acertada: qué fuese el hoy sin el ayer...

Por ello, al contrario de lamentar lo que nos sucede, por más difícil que a veces sea, es necesario agradecer. Agradecelo absolutamente todo. Aprender. Avanzar sonriendo, sin olvidar los sucesos y los aprendizajes que ya son parte de nosotros.

Hasta aquí lo pragmático.

Yo creo en ser mejor persona y que eso no cae del cielo, no nacemos con ello. Hoy deberíamos ser mejores que ayer, ojalá mañana yo sea mejor que hoy. Para esto hay que trabajar, concentrarse. Así como nadie nace siendo maestro en nada, pero con los años se aprende una profesión. El crecimiento espiritual es exactamente igual.

Muy personalmente y sin jamás imponérselo a nadie, yo creo en la existencia de la reencarnación y el karma. Para mí estas son las únicas explicaciones lógicas de todo lo que me sucede y todo lo que veo que sucede en el mundo, así mismo, son las únicas que realizan lo que yo siento como justicia universal.

A diferencia de lo que en nuestra sociedad se malentiende, el karma no son las cosas malas que nos pasan porque lo merecíamos. El karma es todo a nuestro alrededor. Para mí, el karma es todo lo que viene sin que lo busquemos, todo lo bueno y todo lo malo, como una relación de débito crédito con la vida y los otros, en base a las deudas o cuentas por cobrar que hemos acumulado a lo largo de nuestros numerosos nacimientos y muertes.

Para mí esto tiene lógica, porque todo lo bueno y lo malo se revierte, pero la idea en ello no es seguir reencarnando, pagando y cobrando hasta el infinito. Este mundo es una escuela, venimos aquí a aprender. Pero cuando estuvimos en la escuela y aprendimos, ¿acaso nos quedamos ahí para siempre? No. Nos graduamos y no volveremos a ella.
Así mismo, el objetivo espiritual final de cada quien es vivir todo lo que hay que vivir, aprender todo lo que haya que aprender, para finalmente trascender esta forma de vida finita y no tener que volver. Mientras queden lecciones y karma pendientes, simplemente continuaremos viniendo.

No veo nada malo o bueno en ello, lo veo como algo natural. Al menos yo en este instante solo sé que me falta mucho por aprender y tengo deseos de progresar espiritualmente, pero aun no me quiero ir de aquí. Quiero conocer más, quiero vivir más y seguir creciendo. El momento en que mi ser no necesite volver a reencarnar llegará por sí solo, mientras tanto, con todas sus bellezas, dificultades y dolores, quiero continuar en esta vida. He disfrutado de muchos placeres y he aprendido lecciones de oro, estoy agradecida por absolutamente todo y voy a continuar caminando.

Hoy, un 31 de diciembre, es un milestone en mi pequeña vida. El diario andar continuará trayendo sus situaciones, sus problemas, sus alegrías y sus tristezas, para las cuales realmente espero continuar teniendo agradecimiento. Seguir avanzando, seguir aprendiendo.

Este escrito no tiene ningún objetivo en particular, obedece solo a un impulso y un deseo interno de que quizás a alguien le sirva de algo. Por ahora me está sirviendo a mí.

Quiero terminarlo diciendo que el amor por otro ser es lo más puro y desinteresado que he llegado a sentir, me encanta saber que aprendo a amar de esa forma y que al dar de mí misma al amado, en realidad estoy ganando. La cosa más bella y más aparentemente contradictoria, que aún la estoy estudiando y comprendiendo, mientras la intento vivir a diario...

Lo que más me da esperanza es que si es cierto en lo que creo, el destino de todos, absolutamente todos, es la felicidad y la luz. Todos a su tiempo, no importa cuánto ni cuándo, llegarán. Al final, todos seremos luces y entenderemos que nunca estuvimos solos, sino un poquito ciegos.

Te amo.

diciembre 26, 2011

Estudio para Equilibrio

La necesidad de buscar (y encontrar) el balance me hace ver miles de posibles pinturas en mi mente. La realidad es que en mi vida solo he terminado una pintura y esta se perdió.


Por lo pronto me queda más a mano dibujar lo que algún día pueda ser un cuadro.


Si llego a pintar esta imágen, se supone que habrá una mitad de corazón en cada mano.


Esto es un estudio para "Equilibrio".


Oh, y si alguien lee, disculpe la mala calidad de la foto del dibujo.

diciembre 25, 2011

instante

El instante que llega como agua para un sediento,
Pasa. Se desvanece. Espejismo.
Y nunca abandonamos el desierto.

Tan dolorosamente perfecta piel. Calidez.
Flash astral. Cada respiración, cada cuerda amarrada.
Baile complejo de cordura y de olvido.
Necesidad circundante,
insinuante,
casi oscura,
algo clara.
Sumamente inofensiva.

El aroma perfecto...

Mi espejismo que duraste poco más que un parpadeo, en ese cuadro hemos sido perfectos.
Ya no sé si culpa tengo.
Da igual.
Si no me arrepiento.

Serenidad

Es lo único que deseo en este instante.
Dicen que Dios nos prueba en maneras diferentes, nos prueba justo en lo que nos mueve, lo que nos duele.
No soy la excepción.

También he vuelto a sentirme como esa niña, aterrorizada de la incertidumbre de la vida en este mundo. Y es que solo eso es cierto aquí... lo incierto.
Mis ojos y mi corazón están cansados. Ahora más que antes siento soledad inevitable.

Venimos solos y morimos solos. Si nosotros mismos somos tan frágiles, tan perecederos, ¿qué tanto más frágiles y expirables son nuestras creaciones aquí?

Aun así, aquello que palpita dentro ruega por eternidad, ya sea vida eterna, ya se amor eterno.

Eso que palpita en mí es como un péndulo que se mueve de un lado a otro, de un ser a otro, del pasado al futuro, sin parar, sin respirar, me ahogo en la tormenta... sobrevivo. Pero en realidad no hay ayer, no hay mañana. Es un único y constante presente.

El presente es la incertidumbre misma. Yo pude engañarme por muchos años al creer que yo era la excepción. Que la incertidumbre no volvería a entrar para robarme la serenidad.

Mi prueba y mi lección, por supuesto, fueron exactamente recortadas para mí. Los sucesos y mi ser me mostraron que la incertidumbre vive en mí misma. Que incluso yo puedo ser su fuente. Que de mis propios labios ya no pueden caer las palabras "nunca" ni "para siempre".

Lo nuevo para mí, en este fragmento del presente, es que a pesar de la soledad y la evidencia de lo incierto en mí misma, que me creía libre de eso... es que no me parece una tragedia. Siento enorme falta de paz, pero no tragedia. No estoy llorando. Es como si ya pudiera asimilar lo inesquivable de esta situación, de la realidad del universo del que yo como Katherine desapareceré sin rastro, sin un eco que deje el recuerdo sobre mi voz.
Y ni siquiera eso es una tragedia. Quizás ya no existe algo como tragedia para mí. Me encojo los hombros y ya.

Ahora solo pienso, escribo, contemplo callada las horas de mi hoy. Fluyen. Por primera vez siento que tampoco es una tragedia morir con estas sensaciones adentro.

La verdad es que no me pertenezco ni a mí misma. Mucho menos a otra persona.
Y la vida continúa, mi parpadear continúa. Solo sé que el viaje continúa y no puedo ya predecir a dónde me llevará.

Quizás mi espíritu cayó en el mundo incorrecto, diría yo. Pero en realidad no hay errores en el fluir del universo.

Serenidad y Balance...

enero 23, 2011

Paz, Silencio y Penumbra


Nosotras las personas necesitamos paz. La paz más duradera es aquella que conseguimos instalar en nuestro interior. Esa es la que se vuelve inamovible sin importar lo que nos rodee externamente (una casa llena de gente, la calle repleta de autos o una fila eterna...). 


Sin embargo, mientras nos encontramos en la búsqueda de esa paz interna, al menos de vez en cuando necesitamos la paz externa. La necesitamos como algo vital. Generalmente se encuentra en un paraje abierto o dentro de cuatro paredes (nuestra casa o habitación), coincidiendo ambas en su soledad. En esa tranquilidad nuestra mente quizás abandona las barreras físicas del cráneo y se permite llenar toda la estancia en que nos encontramos.


Es lo que me sucede cuando, por fin, este lugar queda vacío. Me lleno de triunfo al acercarse la noche, al instante que del sol apenas quedan nubes coloradas fuera de las ventanas. Cuando dentro de las paredes la penumbra va recorriendo cada metro, y mi mente con ella, absorbiendo la soledad y el silencio del lugar.


Así es mi paz externa entre paredes: penumbra y silencio.
Mi paz externa fuera de las paredes es la Tierra entera, sin ningún otro humano a la vista. La soledad y la totalidad completa.


Au revoir.

enero 21, 2011

Donde anida la dulzura


 "Justo antes de llegar allí una abeja-mosca revoloteaba alrededor. Mi monstruo negro la espantó.
Y allí quedó toda la dulzura de este día, escondida entre los pétalos que acariciaba el sol."

"Llegó el sol", dirían algunos. Pero en realidad es nuestro cielo que cedió ante el giro del planeta, removiendo las nubes que como cortinas nos separaban de la estrella.
Ahora nos abraza la humedad y el calor a veces asfixiante.
Aunque mi espalda y brazos lo resienten, mis ojos y mi cámara (que es otra extensión de mi cuerpo) se regocijan ante el constante juego de luces que convierte en formas interesantes hasta a los aburridos rectángulos de concreto con que los constructores rellenaron las calles de nuestra ciudad.

Por otro lado, las formas de la naturaleza, bajo este juego, adquieren a cada instante una nueva impresión, dignas de ser inmortalizadas en fotografía, pintura y cualquier otro tipo de arte.
Un ejemplo, estas pequeñas flores de enredadera, donde anida la dulzura que se le escapó a mi mosca-abeja.

Al brillo de estos días se une una brisa más viva, cargada de la calidez ausente en los vientos de los días nublados.

A pesar de que mis emociones saltan con ese viento y con la lluvia que lo acompaña bañando tierra, árboles y techos, he aprendido a sentir cariño por nuestros veranos también. Por algo tantos extranjeros hallan su paraíso en estas tierras, mientras mi paraíso son las tierras de ellos.
La naturaleza intrínseca del ser humano es buscar, como me lo dijo una amiga ayer. Debajo de la ansiedad por las posesiones materiales y placeres sensoriales, el humano siempre añora ese "algo más". Ese "algo" casi siempre creemos que está en otro lugar, lejano a aquel en que nos hallamos. Generalmente es verdad.

Pero ver a tantos extranjeros enamorarse de la naturaleza panameña me ha sorprendido y obligado a aprender más de ella, a entender al menos por qué aquello que me parecía repetitivo, monótono y casi irritante (la humedad, el calor, el sol) de pronto se vuelve un tesoro a los ojos de otros.

Así, aunque Panamá está muy lejos de ser mi paraíso personal, poco a poco empiezo a saborear sus riquezas; y sé que cuando por fin abandone este país, hablaré bien del estilo de sus aires, que a pesar de no ser los míos, llevaré con aprecio en mi memoria.

Un beso a todos.
Au revoir.